domingo 19 de octubre de 2008

En este día de felicidad y pena, pensemos un poco


Hoy es un día muy especial y ambivalente. Motivo de alegría para quienes tienen a su madre y de pena para quienes la perdieron. Yo ya no tengo a la mía. La recordaré con amor, ... bueno... ya hace varios días que la estoy recordando más que nunca.
Pero no puedo recordarla con pena. La extraño, sí. Cuando la perdí yo ya tenía 51 años y sin embargo me sentí muy desamparada aunque ya era ella la que dependía de mí, y no al revés.. Entonces, tengo que recordarla con felicidad por haberla tenido hasta esa edad. Debo aceptar el fluir de la existencia y entender que no puedo alterarlo.
Es natural que a mi edad no tenga a mi madre. Lo que no es natural es que en un día en que los hijos desean vernos felices, los amarguemos dejando de ser sus madres para comportarnos todo el día como hijas. Yo diría que hasta es egoísta.
Tomémosnos un momento para las lágrimas, y luego aceptemos la compensación en nuestros hijos. No sabemos si el año que viene estaremos con ellos, pensemos que cada fiesta puede ser nuestra última fiesta, y tratemos de dejarles un recuerdo feliz. Tratemos de que no se sientan reponsables de no poder darnos un día bueno.
Quiero tomar de la vida todo lo que ella me ofrece: la pena de no festejar con mi madre y la alegría de estar con mi hijo. En la vida todo es equilibrio. La vida es un continuo dar y quitar. No nos perdamos lo que nos da, corriendo detrás de lo irrecuperable. Los buenos recuerdos no se fueron junto con los seres queridos.

No seamos egoístas y pensemos en aquéllas madres a las que les falta un hijo que les diga feliz día. Ésa es una injusticia de la vida. Éso es lo antinatural. Para esas madres: que tengan un día pleno de paz y de los más dulces recuerdos. Y si tienen más hijos que los disfruten a más no poder.

Seamos, en este día más madres que nunca. Y disculpen la crudeza de mis palabras, pero la vida no nos espera, no dejemos de vivir.

Faby: ¡Lo mejor para vos y tus hijos!

Homenajearemos a las madres en nuestro salón principal. Están todos invitados.


domingo 12 de octubre de 2008

Lo que significa cumplir años para mí, desde mis 36

A mis 36, fui operada de un hematoma cerebral. Mi hijo tenía tres años. Vivíamos con mi madre y un hermano con personalidad esquizoide. Mi madre sólo vivía para mi hermano. En esa época mi matrimonio tenía once años. Antes de la operación estuve hemipléjica, y después de ella caminaba. pero apoyada en las paredes o en las personas. Mi motricidad era la de un borracho, muy borracho. Había estado internada tres meses y había engordado 20 o 30 kilos y mis ojos, paralizados, parecían dos huevos duros y veía doble. No podía conmigo misma, menos aún con mi hijo. Fue entonces cuando mi esposo se dió cuenta de que conmigo no se podía vivir y se fue. Creí que me volvería loca si pensaba en lo que sería de mi hijo y de mí. Así que opté por no pensar y pelearla. Lo logré. A los pocos meses tenía un Quiosquito (en casa, porque era imposible que me desplazara sola en mi estado, al pincipio; y ni soñando, con una criatura de tres años, a la que tampoco quise dejar mientras yo debía trabajar). Las secuelas ya no me las notaban los demás, pero yo las seguí sintiendo por años. Ahora mismo, si me pongo nerviosa, las secuelas se me acentúan y hasta puedo llegar a caminar con poca estabilidad, como "algo tomadita". Antes de medio año ya tenía mi peso normal (siempre fui delgada), deseos de areglarme y hasta pretendientes. Fue entonces cuando mi esposo se dió cuenta de que sí se podía vivir conmigo y quería volver, de que quería ayudarnos. Fue entonces cuando yo me dí cuenta de que no quería volver a pasar por esa situación. De que no quería volver a padecerlo otros once años para ver si al cabo de ellos, ante un nuevo ataque de presión, se quedaba o se volvía a ir. Porque esos ataques suelen repetirse si la causa de ellos persiste.

Durante muchos años me angustié pensando en el futuro incierto de mi hijo; en cómo podría yo, educarlo sin dinero (no anduvo el quiosco) y sin ayuda de nadie y sin una edad adecuada para pretender un empleo. Pero lo que más me preocupaba era no poder estar con mi hijo hasta que me necesitara.
Fueron más de 20 años temiendo faltarle a Facu, cuidándome para él, viviendo por y para él. No queriendo pagar el precio que ya había pagado, aferrándome a una nueva ilusión, a otro "sapo", y no teniendo una fé religiosa que me engañara diciéndome que si yo le faltaba, Dios lo cuidaría.
Cada año que cumplí desde entonces, fue un gradísimo logro, para mí. Una alegría. Cada etapa educativa de Facu me pareció interminable. Y cada certificado de estudios fue un premio que recibí.
Recién ahora que Facu está por finalizar su carrera terciaria, me estoy relajando. Recién me noto en el espejo y tomo conciencia de que los años pasaron, de que tengo muchas canas y muchas arrugas. Y no me interesa. Estoy feliz con ellas porque viví. Viví más de lo que soñé. Pude ver a mi hijo hecho hombre. Como leí en algún lado: mis canas y mis arrugas son medallas que me dio la vida. Y disfruté cada pequeño detalle que no tuviera un precio monetario: caminatas, puestas de sol, mis fresias floreciendo, los logros de Facu, su salud siempre buena... Los disfruté paralelamente con las angustias e incertidumbres, paralelamente con la falta de alguna cena o de alguna zapatilla. El que yo dejara de disfrutar esas cosas no resolvería nuestras falencias y se me hubiese pasado la vida sin haberla vivido.
Por supuesto que no deseo la muerte, ni la vejez. Me rebelo ante ella. Y sí le temo. Y odio que exista. Pero no por ello voy a poder evitarla. Y más odiaría haberme perdido todo lo que pude vivir, por no llegar a tener arrugas y canas. Y no pienso perderme un instante de los que me quedan amargandomé por estos síntomas. Yo no siento que me "salen" canas. Siento que me florecen. Y no me siento vieja, me siento añeja. ¿Se entiende?
Mis problemas no desaparecerán porque deje de disfrutar de las cosas que puedo.
A mí desde los 36, mis cumpleaños no me deprimen, me dan felicidad. Y si llegan con algún problema, ambos permanecerán paralelos, porque una cosa no quita ni resuelve la otra.

Posiblemente tu vida no haya estado en tal situación de riesgo como lo estuvo la mía y no puedas pensar igual que yo acerca de cumplir años.
Te regalo mi experiencia. Aprovechala. Atrapá a los problemas y no permitas que ellos te atrapen a vos. Sólo la muetrte pude evitar que logres algo. Sólo la muerte hubiese podido evitar que yo eduque a mi hijo. En la vida no hay vuelta atrás, pero en la muerte tampoco. Disfrutá de envejecer, no estás haciendo otra cosa que vivir. Viví plenamente.

Esto se los conté pensando en quienes no disfrutan de un buen momento que les ofrece la vida, porque algún problema los distrae.

Dulce: No me gustaría que estés en ese grupo de personas. No sé si se te resolvió lo que esperabas, pero te lo deseo de corazón. De cualquier modo viví este día plenamente. No olvides que tu primera nieta mujer también cumple y que no le gustaría que no compartas su alegría.

¡Te quiero mucho!... Y...
¡Muy feliz cumple!

sábado 11 de octubre de 2008

Cumplir años

Mañana el castillo estará de fiesta. Nuestra amiga Dulce cumple años. Y esta circunstancia me hizo pensar en lo que significa para una persona, cumplir años. Mis cumpleaños son especiales, distintos a los de la mayoía de la gente; justamente porque las circunstancias de mi vida son también especiales.

¿Qué pienso de los cumpleaños (en general), según las edades?

EL PRIMER CUMPLEAÑOS: Pienso que a esta edad una persona sólo quiere estar con sus padres, abuelos, tíos, hermanos, amiguitos de la guardería, su nana o cualquier persona con la que el cumpleañero comparte horas de su corta vida. ¡Pero no todos juntos! El pequeño se irrita y no entiende el significado de tanto bullicio, besos y pellizcones en los cachetes.
Este día es para que lo disfrute el homenajeado y con una fiesta importante, sólo lo padece. Sólo está a merced de los antojos de los participantes, a saber:
Soplar las velitas cuando a papá y mamá se le antoja. Posar para fotos y/0 videos, cuando a la parentela se le antoja. Abrir paquetes cuando a los demás se les antoja. Hacer las gracias cuando a los invitados se les antoja. Todo cuando a los demás se les antoja.

Todo el mundo se acaparó todos los antojos y al cumpleañero, el único antojo que le queda disponible es llorar y gritar y tirar patadas y puñetazos al aire; o, en el mejor de los casos, poder dormirse mientras los demás arrasan con todo lo que él no quiere. No soy amiga de festejar en grande el primer año de vida. Ese día debe ser para alegría del chiquito. Será mucho más feliz si lo comparte con su grupo de todos los días, con regalos y cosas ricas, pero que realmente se puedan disfrutar, quizá con un lindo paseo.

LOS CUMPLEAÑOS EN LA EDAD DE LA ENSEÑANZA ELEMENTAL: Son muy disfrutados, siempre que no se metan "los grandes". Siempre que las fotos, la comilona y el baile sean cuando el grupo entero de coetáneos lo desee. Al final de esta etapa no interesan los regalos, lo más importante es poder reunirse, ni siquiera interesa que haya cosas ricas, pero sí, que haya música, baile y bromas.

LOS 15 Y LOS 18: Aquí sí se tiene en cuenta a los demás y el homenajeado participa de los preparativos y respeta las costumbres. Aquí todo es una ceremonia preestablecida. El cumpleañero quiere cumplir con todo lo establecido por las costumbres. Disfruta si todo sale como es esperado. La comida, la bebida, las fotos, la ropa. Pero tampoco está del todo feliz. No puede vivir plenamente el momento por el estres que arrastra desde hace meses. Por eso muchos jóvenes están prefiriendo un buen regalo o un viaje, o si no da para más, una reunión informal con el grupo de amigos.

HASTA LA MAYORÍA DE LA EDAD: Todos los cumpleaños son esperados ansiosamente. Ya sea por los derechos y libertades que se irán adquiriendo, o por los poyectos y sueños que se espera se concreten.

ENTRE LOS 20 Y LOS 40: No se toma demasiada conciencia de esta fecha. Sólo se vive plenamente.

DESPUÉS DE LOS 40: Son deprimentes. Sólo se tiene en cuenta las arrugas, las canas que van apareciendo cada vez con más frecuencia; y que queda menos por vivir.

DESPUÉS DE LOS 80: A esta edad está todo perfecto. Todo el mundo sólo juega con sus "biz" y sus "tatara" y ni se percata de que la muerte es inminente. Después de todo, la muerte es inminente a cualquier edad. Entonces ¿por qué dejar de disfrutar de lo que la vida nos ofrece día a día?

Dedicado a los amigos que no tienen un día de cumple perfecto, y, en especial, a Dulce.

Mañana te contaré lo que significa cumplir años para mí, desde mis 36. Quiero que lo leas y puedas disfrutar de tus "cumple" y de todos tus momentos, de aquí en más.

Ahora, si gustás, podés ir a ver las preliminares de la fiesta de Dulce.