Hoy es un día muy especial y ambivalente. Motivo de alegría para quienes tienen a su madre y de pena para quienes la perdieron. Yo ya no tengo a la mía. La recordaré con amor, ... bueno... ya hace varios días que la estoy recordando más que nunca.
Pero no puedo recordarla con pena. La extraño, sí. Cuando la perdí yo ya tenía 51 años y sin embargo me sentí muy desamparada aunque ya era ella la que dependía de mí, y no al revés.. Entonces, tengo que recordarla con felicidad por haberla tenido hasta esa edad. Debo aceptar el fluir de la existencia y entender que no puedo alterarlo.
Es natural que a mi edad no tenga a mi madre. Lo que no es natural es que en un día en que los hijos desean vernos felices, los amarguemos dejando de ser sus madres para comportarnos todo el día como hijas. Yo diría que hasta es egoísta.
Tomémosnos un momento para las lágrimas, y luego aceptemos la compensación en nuestros hijos. No sabemos si el año que viene estaremos con ellos, pensemos que cada fiesta puede ser nuestra última fiesta, y tratemos de dejarles un recuerdo feliz. Tratemos de que no se sientan reponsables de no poder darnos un día bueno.
Quiero tomar de la vida todo lo que ella me ofrece: la pena de no festejar con mi madre y la alegría de estar con mi hijo. En la vida todo es equilibrio. La vida es un continuo dar y quitar. No nos perdamos lo que nos da, corriendo detrás de lo irrecuperable. Los buenos recuerdos no se fueron junto con los seres queridos.
No seamos egoístas y pensemos en aquéllas madres a las que les falta un hijo que les diga feliz día. Ésa es una injusticia de la vida. Éso es lo antinatural. Para esas madres: que tengan un día pleno de paz y de los más dulces recuerdos. Y si tienen más hijos que los disfruten a más no poder.
Seamos, en este día más madres que nunca. Y disculpen la crudeza de mis palabras, pero la vida no nos espera, no dejemos de vivir.
Faby: ¡Lo mejor para vos y tus hijos!
Homenajearemos a las madres en nuestro salón principal. Están todos invitados.
Pero no puedo recordarla con pena. La extraño, sí. Cuando la perdí yo ya tenía 51 años y sin embargo me sentí muy desamparada aunque ya era ella la que dependía de mí, y no al revés.. Entonces, tengo que recordarla con felicidad por haberla tenido hasta esa edad. Debo aceptar el fluir de la existencia y entender que no puedo alterarlo.
Es natural que a mi edad no tenga a mi madre. Lo que no es natural es que en un día en que los hijos desean vernos felices, los amarguemos dejando de ser sus madres para comportarnos todo el día como hijas. Yo diría que hasta es egoísta.
Tomémosnos un momento para las lágrimas, y luego aceptemos la compensación en nuestros hijos. No sabemos si el año que viene estaremos con ellos, pensemos que cada fiesta puede ser nuestra última fiesta, y tratemos de dejarles un recuerdo feliz. Tratemos de que no se sientan reponsables de no poder darnos un día bueno.
Quiero tomar de la vida todo lo que ella me ofrece: la pena de no festejar con mi madre y la alegría de estar con mi hijo. En la vida todo es equilibrio. La vida es un continuo dar y quitar. No nos perdamos lo que nos da, corriendo detrás de lo irrecuperable. Los buenos recuerdos no se fueron junto con los seres queridos.
No seamos egoístas y pensemos en aquéllas madres a las que les falta un hijo que les diga feliz día. Ésa es una injusticia de la vida. Éso es lo antinatural. Para esas madres: que tengan un día pleno de paz y de los más dulces recuerdos. Y si tienen más hijos que los disfruten a más no poder.
Seamos, en este día más madres que nunca. Y disculpen la crudeza de mis palabras, pero la vida no nos espera, no dejemos de vivir.
Faby: ¡Lo mejor para vos y tus hijos!
Homenajearemos a las madres en nuestro salón principal. Están todos invitados.





