viernes 27 de marzo de 2009

Evitando a los espías y a los suplantadores de identidad

Muchas veces hablé de mi amiga Nidia.

Nidia F. Morales es una escritora colombiana, tenaz defensora de los derechos humanos y de los derechos de los niños, una dura opositora a la violencia (“No a la violencia venga de donde venga”, es su lema),

Hoy quiero referirme a sus páginas. Hace ya, varios meses que me resulta imposible acceder a ellas. O se me tildaba la PC, o se me llenaba de virus, cada vez que lo intentaba. En el mejor de los casos, tardaba horas en cargarse la página, mi barra de desplazamiento se ponía insoportablemente lenta y me costaba horas encontrar algo en ellas, a pesar de no haber motivos para tal lentitud porque sus páginas no están llenas de chirimbolos que lo justifiquen. El link de la ventana de los comentarios era imposible de abrir.

Milagrosamente, un día conseguí acceder sin problemas y dejar un comentario. Previendo futuros inconvenientes, para no quedar nuevamente desconectada, le pedí que me agregara a la lista de direcciones de e-mail en la configuración de su página, para recibir sus entradas por ese medio. A cambio de mi pedido, recibí una invitación para participar como colaboradora en su página que más visito.

Esta invitación me sorprendió muchísimo, porque su página es de un estilo y de una temática muy particular. Además yo no me siento con la preparación necesaria ni la información pertinente para el nivel de sus escritos, pese a que ambas somos duras luchadoras ante la pedofilia y la pederastia.

No ingresé como colaboradora, por lo que voy a relatar a continuación. Todo me hizo suponer que no fue ella la que me invitó, que su correo había sido interceptado, y su página tomada por personas extrañas.

Sucede que cada tanto, cuando estoy con mi correo abierto, accedo a la información detallada (un link que se encuentra al pie de la página de los correos recibidos, enviados, borradores y spam) de él.

En la ventana correspondiente a dicho link, se detallan los cinco últimos accesos a la dirección de correo presente.

En uno de mis accesos, después de visitar la página de Nidia y de recibir la invitación mencionada, noté que mi correo fue abierto en una *IP diferente a la mía. Cosa que era imposible ya que yo no había accedido a él desde otra PC y tampoco compartí mi clave de acceso con nadie como para suponer que alguien autorizado hubiera accedido a mi correo electrónico. Entonces cambié mi clave, pero volvió a ocurrir y volví a cambiar mi clave, y volvió a ocurrir.

Después de cambiar la clave varias veces, no volví a ver IP´s diferentes de la mía, sino letreros con la leyenda: **IP “no disponible”, y con esta otra: ***”Navegador: POP”.

Al analizar detenidamente la tablita de los últimos cinco accesos al correo, noté que esos accesos se produjeron cada períodos iguales de tiempo (cada hora, exactamente).

Yo no entiendo mucho de interceptar correos, pero no hay que ser muy ducho para darse cuenta de que el mío era revisado desde otro lugar. Entonces le comenté Facu lo que me pasaba y me aclaró algunos puntos:

En la configuración del correo hay una opción de ruta más segura: HTTPS, en lugar de HTTP. Esto tiene que ver con la verificación de la palabra que tanto nos incomoda a los comentaristas de entradas. Yo no sé explicarlo, pero es algo así como que la información navega como símbolos difíciles de descifrar, en lugar de transmitirse cómo texto. Por lo tanto, cambié la configuración de mi correo, tildando: “HTTPS”.

Sobre la *IP, me explicó que es un código asignado por el proveedor (Ejemplo: SPIDY) de Internet. Es un código de cuatro número separados por puntos, dos de los cuales son fijos e identifican al proveedor, los otros dos varían según el servidor (dispositivo que mantiene la comunicación) que envía la información. Es más fácil detectar las violaciones del correo teniendo IP fija, en donde los cuatro números son siempre los mismos, pero esto tiene costo monetario porque utilizan servidores particulares y no los disponibles en cada momento de la navegación.

Cuando vemos **IP no disponible es porque el sistema no puede detectar la misma. El motivo más frecuente para que no pueda detectarlo es la utilización de navegadores PROXY, que son navegadores que ocultan las IP. Muchas empresas e instituciones los utilizan para proteger su información, pero los espías los utilizan para no ser localizados. Lamento no haber anotado las IP extrañas cuando estuvieron visibles, para informar la violación de mi correo.

EL ***“Navegador POP” es un programita para utilizar el correo con algunas opciones más que la que da el correo convencional (Ejemplo: avisa cuando hay correo nuevo aunque estés haciendo otra cosa en Internet, distinta de revisarlo; para ello, el programa revisa el correo periódicamente); o sea que el programa accede al correo periódicamente. Si tenés habilitado el POP, tenés ciertas comodidades; pero alguien que accedió a tu clave puede revisarlo también, periódicamente. Por lo tanto inhabilité el navegador POP.

También inhabilité el IMAP (para acceder al correo desde otros clientes).

En resumen: inhabilité toda posibilidad de acceder a mi correo por vías diferentes a esta PC y con programitas adicionales. No probé, pero se supone que ni yo debo poder acceder.

Quiero agregar algo más: el correo para acceder a mi página, sólo lo uso para eso: acceder a mi página. No lo arriesgo más que lo necesario para publicar en ella o diseñarla. ¡Y no le facilito la clave a nadie! ¡CUIDADO CON QUIENES OFRECEN AYUDA Y PIDEN LA CLAVE PARA ACCEDER A LAS PÁGINAS!

Espero haber sido lo mínimo necesario de clara en un tema para el que no estoy preparada, y también espero que lo dicho sea útil para los amigos del castillo.

Mis consejos son:

  • Tener una dirección de correo exclusivamente para la página.
  • Utilizar HTTPS siempre.
  • Utilizar la verificación de la palabra en los comentarios.
  • Inhabilitar el navegador POP.
  • Inhabilitar IMAP.
  • Si es posible, tener IP fija. (tiene costo monetario).
  • Si es posible utilizar navegador PROXY (oculta tu IP)
  • Revisar la información detallada de las aperturas del correo.
  • Cambiar la clave periódicamente, o al menos, ante sospecha de que fue interceptado.
  • Tener una dirección de correo distinta, asociada a la principal; para poder recuperarla en caso de perderla.
  • No facilitar la clave a nadie (poco a poco se va aprendiendo todo sin necesidad de ese tipo de ayuda, leyendo e investigando). Hay muchas páginas de ayuda que no piden la clave.
  • Sé el único administrador de tu página. Que los colaboradores sean sólo colaboradores. No des la oportunidad de que te eliminen de tu propia página.

La historia con Nidia F. Morales no termina aquí. En una próxima entrada seguiré comentando todo lo sucedido.

Nidia: Ojala te sirva esta publicación, aunque posiblemente ya sepas todo esto. Quiero que sepas que repudio todos los hechos de los que sos víctima.

domingo 8 de marzo de 2009

¡Feliz día de la mujer!

Mujeres

Autor: Santiago Gamboa *

Es el único tema en el que soy radical e intolerante. En el que no escucho razones: las mujeres de mi generación son las mejores. Y punto.

Hoy tienen treinta y pico, cuarenta, y son bellas, muy bellas, pero también serenas, comprensivas, sensatas, y sobre todo endiabladamente seductoras, a pesar de sus incipientes patas de gallo o de esa afectuosa celulitis que capitonea sus muslos y las hace tan humanas, tan reales. Hermosamente reales.

Casi todas, hoy, están casadas o divorciadas, o divorciadas y vueltas a casar, con la idea de no equivocarse en el segundo intento, que a veces es un modo de acercarse al tercero, y al cuarto intento. Qué importa. Otras, aunque pocas, mantienen una pertinaz soltería y la protegen como una ciudad sitiada que, de cualquier modo, cada tanto abre sus puertas a algún visitante. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

Nacidas bajo la era de Acuario, con el influjo de la música de los Beatles, de Bob Dylan, de Lou Reed, el mejor cine de Kubrick y el inicio del boom latinoamericano, son seres excepcionales. Herederas de la “revolución sexual” de la década del 60 y de las corrientes feministas que, sin embargo, recibieron pasadas por varios filtros, ellas supieron combinar libertad con coquetería, emancipación con pasión, reivindicación con seducción. Jamás vieron en el hombre a un enemigo, a pesar de que le cantaron unas cuantas verdades, pues emanciparse era algo más que poner al hombre a trapear el baño o a cambiar el rollo de papel higiénico. Decidieron pactar para vivir en pareja, esa forma de convivencia que tanto se critica pero que, con el tiempo, resulta ser la única posible, o la mejor al menos en este mundo y en esta vida.

Son maravillosas y tienen estilo, aun cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan. Usaron faldas hindúes a los 18 años, se adornaron con collares precolombinos, se cubrieron con suéteres de lana y perdieron su parecido con María, la virgen, en una noche loca de viernes o de sábado después de bailar “El ratón”, de Cheo Feliciano, en La Teja Corrida o en Quiebracanto, con algún amigo que les habló de Kafka, de Gurdjieff y del cine de Bergman.

Al fondo de sus mochilas arahuacas había paquetes de Pielroja, libros de Simone de Beauvoir y casetes de Víctor Jara. Y al dejarnos, cuando no les quedaba más remedio que dejarnos, nos dedicaban esa canción de Héctor Lavoe que es a la vez un clásico del periodismo y del despecho, y que se llama “Tu amor es un periódico de ayer”. Se vistieron de luto por la muerte de Julio Cortázar, hablaron con pasión de política y quisieron cambiar el mundo; bebieron ron cubano y aprendieron de memoria las canciones de Silvio y de Pablo; conocieron los sitios arqueológicos de San Agustín y Tierradentro (en esa época se podía ir sin temor a la guerrilla, qué nostalgia), fueron con sus novios a las playas del parque Tayrona, durmiendo en carpa y dejándose picar por los mosquitos, porque adoraban la libertad, algo que hoy le inculcan a sus hijos, lo que nos hace prever tiempos mejores y, sobre todo, juraron amarnos para toda la vida, algo que sin duda hicieron y que hoy siguen haciendo en su hermosa y seductora madurez.

Supieron ser, a pesar de su belleza, reinas bien educadas, poco caprichosas o egoístas. Diosas con sangre humana. El tipo de mujer que, cuando uno le abre la puerta del carro para que suba, entra y se inclina sobre la silla del conductor y le abre a uno desde adentro. La que recibe a las cuatro de la mañana a un amigo que sufre, aunque sea su ex novio, porque son maravillosas y tienen estilo, aun cuando nos hacen sufrir, cuando nos engañan o nos dejan, pues su sangre no es tan helada como para no escucharnos en esa necesaria y salvadora última noche en la que están dispuestas a servirnos el octavo whisky y a poner por sexta vez esa melodía de Santana.

Por eso, para los que nacimos en la década del 60, el día de la mujer es en realidad todos los días del año, cada uno de los días con sus noches y sus amaneceres, que son más bellos, como dice el bolero, cuando estás tú. ¡Qué bellas son, por Dios, las mujeres de mi generación!

Hasta aquí, dijo un hombre:

* Escritor colombiano, autor de Páginas de vuelta (1995), Perder es cuestión de método (1997), Vida feliz de un joven llamado Esteban (2000), Los impostores (2002). Columnista de la Revista Cambio, de Colombia. Actualmente, reside en Italia.


A partir de aquí, digo yo:

Supongo que un caballero de 1820 hablaría de peinetones y miriñaques; y uno de las generaciones del 2000 y pico, de lunas de miel en Jupiter, justo el 8 de marzo de cualquier año, siglo y era,

¡Las mujeres seremos siempre las mujeres! ¿No te parece? justo cualquier día del año, de cualquier siglo, de cualquier era.

¡¡¡Muy feliz día para todas...y para todos!!! los todos también pueden tener un feliz día, ¿no?

Eli.